Resumen
- El miércoles se presenta el esperado presupuesto del Reino Unido. Gran parte del paquete de medidas ya se ha adelantado y se prevé un agujero fiscal de entre 25 000 y 30 000 millones de libras
- La retirada de las subidas de impuestos que incumplían el programa electoral implica que veremos una serie de medidas menores que afectan al impuesto sobre la renta, el IVA y la Seguridad Social. ¿Serán capaces de generar ingresos suficientes?
- El Gobierno se enfrenta a una tarea complicada. No se encuentra en una posición política fuerte y necesita mantener a los mercados de su lado. Al mismo tiempo, no quiere aplicar recortes significativos en el gasto.
- ¿Resolverá el presupuesto los problemas financieros del Reino Unido? Probablemente no, pero se espera que se consiga algo más de margen fiscal y, al no ser de naturaleza inflacionista, el Banco de Inglaterra tendrá margen para bajar los tipos en diciembre.
Esta semana nos centramos en el presupuesto del Reino Unido que se presentará este miércoles. La fecha se anunció el 4 de septiembre y parece que ha pasado mucho tiempo desde entonces. En este periodo, hemos oído hablar mucho sobre la combinación de políticas que se darán a conocer próximamente, los agujeros fiscales y la Oficina de Responsabilidad Presupuestaria (OBR, por sus siglas en inglés), así como sobre sus previsiones sobre la productividad. Se anticipa un agujero fiscal de entre 25 000 y 30 000 millones de libras.
Rellenar un agujero de 20 000 a 30 000 millones es una tarea considerable, dado el estado de las finanzas del Gobierno. Hemos escuchado muchos discursos políticos de la ministra de Hacienda Rachel Reeves (y otros) en los que se han planteado posibles ideas para abordar los problemas financieros. Se ha planteado la posibilidad de subir los impuestos y el Gobierno se ha enfrentado a la importante decisión de romper sus promesas electorales en materia de impuestos sobre la renta, IVA y Seguridad Social, o bien optar por el llamado enfoque smorgasbord (buffet libre) de subidas más bajas. Esta última opción supondría, en general, una mayor dificultad para alcanzar los objetivos fiscales, ya que las subidas de impuestos menores no generarán tantos ingresos como se esperaba. El Gobierno no tiene intención de recortar el gasto, ni cuenta con el respaldo de sus diputados para hacerlo.
Se ha estado observando de cerca el mercado de bonos emitidos por El Reino Unido y, en general, la situación se ha mantenido tranquila hasta que, hace un par de semanas, se dio un giro de 180 grados con la propuesta de aumentar el impuesto sobre la renta. Si pensamos en el contexto del mercado, es evidente que el Reino Unido se enfrenta a una dinámica de deuda complicada (aunque muchos de sus homólogos internacionales están en una situación similar). El país parece estar atravesando un periodo de bajo crecimiento y, más recientemente, de alta inflación, lo que nos recuerda a diversas crisis económicas en los últimos 15 años. La crisis financiera mundial, la salida de la UE, la pandemia y la crisis de los precios de la energía han afectado a una economía británica caracterizada por una confianza débil, una baja inversión y una productividad mediocre. El Reino Unido es vulnerable a niveles elevados de deuda, y el repunte de la inflación, con las correspondientes subidas de los tipos de interés, ha tenido un impacto significativo en los costes del servicio de la deuda. El país tiene una potente combinación de deuda a corto plazo y deuda indexada, lo que implica que, cuando la inflación repunta y suben los tipos de interés, los costes del servicio de la deuda se incrementan considerablemente. En cuanto a las finanzas públicas, esto conlleva que más del 7 % de su presupuesto se destina ahora al pago de intereses, lo que equivale a más de 100 000 millones de libras al año.
Este presupuesto es una tarea difícil para el Gobierno. No se encuentra en una posición de fortaleza política y, aunque es evidente que quiere abordar los problemas fiscales (para mantener el apoyo de los mercados), hacerlo implica aumentar impuestos y/o recortar el gasto. Sin embargo, los contribuyentes no perciben ningún beneficio, más bien todo lo contrario, porque ese dinero se destinará a mayores pagos de intereses en lugar de a mejorar los servicios públicos. Esto deja al Gobierno políticamente impopular y vulnerable.
Entonces, ¿resolverá este presupuesto los problemas? Probablemente no: la ministra de Hacienda optará por el menor margen fiscal posible, pero eso dejará al Gobierno expuesto a futuras crisis. Podríamos estar entrando en un ciclo en el que el Gobierno intente hacer lo justo para mantener a todo el mundo de su lado, pero luego descubra que sus esfuerzos no han sido suficientes. Es evidente que no hay voluntad de abordar unos niveles de gasto insostenibles, pero se quieren aliviar las preocupaciones sobre la estabilidad fiscal, y parte de esta preocupación fiscal se trasladará al Parlamento. Un pequeño aspecto positivo es el hecho de que este presupuesto no será inflacionario ni tendrá un gran impacto en el crecimiento, lo que dará al Banco de Inglaterra margen para bajar los tipos de interés en diciembre.