Resumen
- Los precios del petróleo han oscilado al ritmo del flujo de noticias y de la capacidad del transporte marítimo para atravesar el Estrecho de Ormuz.
- Los precios retrocedieron antes del fin de semana después de que Irán declarara el Estrecho abierto, para repuntar nuevamente cuando el tráfico marítimo volvió a quedar bloqueado.
- La renta variable sigue descontando escenarios relativamente benignos, con actualizaciones positivas de beneficios (y de previsiones futuras) impulsando las subidas.
- La situación en los mercados de materias primas es más compleja, ya que empiezan a materializarse restricciones reales de suministro.
- Con los movimientos de buques limitados, los problemas de suministro energético se intensifican. Crece la preocupación por el abastecimiento de combustible de aviación en Europa en un horizonte de cuatro a seis semanas.
- Es previsible que la volatilidad se mantenga elevada en la antesala de las negociaciones de alto el fuego.
La semana pasada estuvo marcada por las noticias de un tono progresivamente más positivo en torno a los acontecimientos en Oriente Medio, especialmente el viernes, cuando el precio del petróleo cayó con fuerza tras el anuncio de Irán de que el Estrecho de Ormuz permanecería abierto a todo el tráfico marítimo durante las conversaciones de alto el fuego.
Sin embargo, los acontecimientos del fin de semana han vuelto a enturbiar el panorama. La caída del 10% registrada el viernes se transformó en un repunte del 5% el lunes por la mañana, impulsado por el mantenimiento del cierre del Estrecho.
Pese a esa breve ventana de “apertura”, el tránsito fue muy limitado. Algunos buques intentaron utilizar los canales de navegación durante el fin de semana, pero muchos dieron media vuelta tras registrarse ataques contra varias embarcaciones. Asimismo, Estados Unidos incautó un buque iraní en el Golfo de Omán. En conjunto, los avances de la semana pasada parecen haberse revertido.
El actual alto el fuego expira el miércoles, aunque antes se esperan nuevos intentos de negociaciones de paz. Estados Unidos enviará una delegación a Pakistán, mientras que la participación iraní sigue siendo incierta. La retórica reciente ha escalado: Washington está amenazando nuevamente infraestructuras iraníes y Teherán está rechazando cualquier insinuación de concesiones en materia nuclear.
¿Qué implicaciones tiene todo esto para los mercados financieros? La renta variable ha registrado un sólido rally en las últimas semanas, con valoraciones que reflejan escenarios relativamente positivos. Las subidas han venido impulsadas por una temporada de resultados empresariales que, por el momento, está siendo muy robusta. Las compañías que han ofrecido previsiones no parecen especialmente afectadas por el conflicto, lo que favorece una lectura más allá de los titulares a corto plazo.
La dinámica en los mercados de materias primas es, en cambio, significativamente más compleja. El Brent con entrega inmediata empezó a evidenciar tensiones de oferta la semana pasada. Los precios se situaron en o por encima de los 140 dólares por barril a comienzos de la semana, para cerrar por debajo de los 100. Estamos transitando de un problema de precios a uno de disponibilidad efectiva de suministro.
La explicación es simple: los cargamentos que abandonaron el Golfo antes del conflicto están llegando ahora a su destino final en refinerías de todo el mundo. Si esos inventarios no se reponen, dado que los buques siguen sin poder atravesar el Estrecho, las tensiones de suministro se intensificarán. De hecho, ya están surgiendo alertas sobre el combustible de aviación en Europa, un problema que previsiblemente se agravará en un plazo de cuatro a seis semanas.
En síntesis, los precios de las materias primas continúan reflejando un elevado grado de incertidumbre, mientras que los mercados de renta variable permanecen anclados en escenarios más favorables. La fecha límite del alto el fuego es inminente y existe una escasa visibilidad sobre las negociaciones, por lo que es probablemente veremos una volatilidad elevada. Seguiremos de cerca la evolución de los acontecimientos, especialmente en lo relativo a los riesgos sobre el suministro energético. Entre tanto, los beneficios empresariales se perfilan como el principal catalizador de la renta variable.