Resumen
- En los próximos días, Kevin Warsh tomará posesión como nuevo presidente de la Reserva Federal.
- Las acciones estadounidenses siguen al alza, pero la inflación está repuntando, una tendencia que tiene implicaciones reales para la evolución de los tipos de interés.
- El IPC general de EE. UU. se sitúa en el 3,8 % y el carácter sostenido del aumento de los precios de la energía sugiere que las presiones inflacionistas persistirán.
- Los rendimientos de los bonos del Estado ya son más altos, y se necesitarán mejores noticias procedentes de Oriente Medio para aliviar las presiones.
- Las expectativas de bajadas de tipos de interés han dado paso a previsiones de subidas. El BCE podría dar el primer paso, seguido por el Banco de Inglaterra y la Reserva Federal a lo largo del verano.
Esta semana nos centramos en los bancos centrales y en lo que le depara el futuro al nuevo presidente de la Reserva Federal (Fed), Kevin Warsh. Está previsto que tome posesión en los próximos días, tras haber sido aprobado por el Senado la semana pasada.
Al observar los mercados bursátiles estadounidenses, cabría esperar que todo fuera bien en la economía del país. Sin embargo, el panorama inflacionario es cada vez más preocupante. La semana pasada se publicaron las cifras del IPC correspondientes a abril, con un nivel general del 3,8 %, el más alto en cinco años. También observamos un ligero repunte de la inflación subyacente y un aumento de los datos del IPP. Se constató que los precios de los productos al salir de fábrica estaban subiendo en torno al 6 %.
Estas tendencias ponen de manifiesto que la inflación está empezando a repuntar de verdad, y todo ello en un momento en el que las expectativas apuntaban a que se moderaría a lo largo de 2026. La subida repentina de los precios de la energía es el factor determinante de este cambio de tendencia, con el petróleo situándose en torno a los 110 dólares por barril en el momento de redactar este artículo. A más largo plazo, se espera que los precios se mantengan en torno a los 90 dólares por barril, un nivel significativamente más alto que el registrado antes de que estallara el conflicto. Este cambio en los precios significa que la situación actual no es tanto un repunte puntual del precio del petróleo como un aumento sostenido de los costes energéticos. Esto, a su vez, aumenta los riesgos en torno a los datos de inflación a largo plazo y eleva las posibilidades de que los bancos centrales tengan que subir los tipos de interés en algún momento.
Las condiciones financieras ya se han endurecido, una situación que se hace patente en los mercados de bonos mundiales, donde los rendimientos están subiendo considerablemente. Aunque el Reino Unido ha acaparado los titulares debido a los problemas políticos asociados, los rendimientos de los bonos tienden al alza en muchos mercados desarrollados. Esto refleja la expectativa de que la inflación probablemente se mantenga más alta durante más tiempo debido a los elevados costes energéticos.
Y, por supuesto, el estrecho de Ormuz sigue cerrado. La situación allí sigue siendo incierta y hay pocas expectativas de que se alcance una solución a corto plazo, pero cualquier acuerdo sería acogido con gran satisfacción por los mercados.
En cuanto a lo que sucederá a continuación, estaremos muy atentos a las cifras de inflación del Reino Unido, cuya publicación está prevista para finales de esta semana. Se espera que la cifra supere el 3 %, por lo que, al igual que en EE. UU., los datos van en la dirección equivocada y existe margen para que sigan subiendo durante el verano.
Prevemos algunas subidas de los tipos de interés en los próximos meses, y es probable que el Banco Central Europeo sea el primero en actuar en su próxima reunión. El Banco de Inglaterra podría esperar un poco más, pero esperamos que suba los tipos en julio. En cuanto a la Fed, las expectativas han cambiado mucho a lo largo del año, pasando de recortes agresivos bajo el nuevo liderazgo a que los mercados descuenten ahora subidas de tipos en los próximos 12-18 meses. En este contexto, no es de extrañar que los rendimientos de los bonos tiendan al alza, una situación que probablemente no cambiará hasta que lleguen mejores noticias de Oriente Medio.