Resumen
El conflicto se intensifica más allá de la contención: los ataques estadounidenses-israelíes en Irán parecen estar dirigidos a un cambio de régimen, no a un intento de disuasión, lo que marca un conflicto fundamentalmente distinto al del año pasado.
Los riesgos para el petróleo y la inflación dominan el panorama macroeconómico: El principal riesgo económico es un bloqueo en el Estrecho de Ormuz, punto estratégico marítimo clave frente a la costa sur de Irán. Un cierre prolongado podría llevar al petróleo hacia los 100 dólares por barril y elevar de forma material las expectativas de inflación global.
El shock energético complicaría la trayectoria de los tipos de interés: unos precios del petróleo más elevados incrementarían los riesgos de que aumenten la inflación y los tipos de interés, especialmente en EE. UU., donde alcanzar la cifra de 100 dólares por barril podría empujar el IPC de nuevo hacia el 4%. Esto pondría en cuestión la reciente narrativa de desinflación.
Asia es la región más expuesta, pero las reservas limitan el impacto a corto plazo: aunque el excedente de capacidad de la OPEP y las reservas estratégicas pueden compensar la pérdida de suministro iraní, Asia tendría que soportar la mayor parte de una interrupción prolongada debido a su fuerte dependencia del estrecho de Ormuz para el petróleo y el GNL.
Los mercados afrontan un riesgo de cola, no a un escenario base de interrupción: Irán podría tener dificultades para imponer un cierre prolongado del estrecho, pero incluso un bloqueo parcial con unos consecuentes costes mayores de seguros, retrasos en los envíos o ataques a infraestructuras podría mantener elevados los precios de la energía y su volatilidad.
La acción militar del fin de semana por parte de EE. UU. e Israel contra Irán parece ser un conflicto muy diferente al que presenciamos en junio de 2025, que consistió en un ataque contra instalaciones nucleares específicas y personal clave.
La cuestión clave para la economía global y los mercados financieros es si esta acción se desarrollará en un conflicto regional más amplio y si existe la posibilidad de un bloqueo sostenido del transporte de energía a través del Estrecho de Ormuz, punto estratégico marítimo clave frente a la costa sur de Irán. Un repunte de los precios del petróleo plantea el riesgo de que aumente la inflación, lo que impactaría sobre las trayectorias tanto de la inflación como de los tipos de interés.
La agencia de noticias Reuters ha informado de la comunicación por parte de la misión naval de la UE de que los buques han estado recibiendo transmisiones de radio desde Irán afirmando que “ningún barco tiene permitido cruzar el Estrecho de Ormuz”. Un cierre total de la vía navegable, algo que Irán nunca ha decretado, tendría un impacto significativo en el transporte de crudo y productos refinados (que representan más del 20% del suministro global) y de GNL (20% del suministro global). El precio del petróleo cerró el viernes en 73 dólares por barril, lo que supone un aumento del 12% con respecto al mes anterior. A 2 de marzo de 2026, cotizaba por encima de los 80 dólares por barril. El valor del oro ha subido un 1,39% y el índice del dólar estadounidense un 0,36%.
Un cierre significativo y prolongado del Estrecho de Ormuz, junto con los ataques iraníes a las instalaciones de refinado y exportación de petróleo de la región, probablemente llevaría al precio del petróleo hasta los 100 dólares por barril. Reuters informa de que al menos 150 petroleros que transportan crudo y productos refinados y GNL han echado el ancla en alta mar para evitar cruzar el estrecho. Podría producirse una mayor escalada en el conflicto si Irán intentase atacar centros de procesamiento de petróleo y terminales de carga en la región.
Irán puede carecer de los recursos para mantener un cierre prolongado del estrecho, pero, aun así, la reducción del tránsito podría generar impacto debido al aumento de los costes de los seguros de transporte, o la decisión de las navieras de no operar esta ruta. La OPEP ha señalado que aumentará la producción de petróleo en abril en 206.000 barriles diarios en un movimiento para contener los precios. Irán en sí no es crítico para la producción mundial de petróleo, ya que produjo alrededor de 3,45 millones de barriles diarios en enero, lo que equivale a menos del 3% del suministro global. El excedente de capacidad de la OPEP podría compensar todas las exportaciones iraníes perdidas.
Además, EE. UU. y otros países de la OCDE cuentan con alrededor de 4.000 millones de barriles de crudo y productos refinados almacenados, que podrían actuar como colchón a corto plazo. EE. UU. es en gran medida autosuficiente en energía, pero no sería inmune a los aumentos globales del precio del petróleo, que se trasladarían a los precios de la gasolina y a la inflación. Un coste del petróleo a 100 dólares probablemente llevaría el IPC de EE. UU. más cerca del 4% desde el 2,4% registrado en enero, según estimaciones de ING. Por su parte, Asia se vería impactada significativamente por el cierre del Estrecho de Ormuz, dado que la mayoría del petróleo (84%) y del GNL (83%) tiene como destino Asia.
Por el momento, los mercados financieros se mantienen relativamente tranquilos y esperarán a observar cómo evoluciona la situación. El apetito por el riesgo se ha mantenido positivo frente a los desafíos recientes. Debemos tener presente que la historia indica que, aunque los shocks geopolíticos pueden producir movimientos en los mercados, los fundamentales deberían cambiar para que el impacto sea prolongado.
La mayor parte del tiempo, los mercados financieros suelen demostrar ser bastante hábiles para “ver más allá” de los conflictos geopolíticos. Los fundamentales siguen siendo benignos – tanto en términos de beneficios corporativos como de crecimiento económico – y, como resultado, los mercados han mostrado resiliencia. Pero debemos estar pendientes de cómo evolucionan los acontecimientos en los próximos días y semanas.