Resumen
- A pesar de un giro en U sobre los aranceles asociados a Groenlandia, el mundo sigue operando en un régimen arancelario mucho más elevado que en los últimos 70 años.
- La Administración estadounidense se ha servido de la International Emergency Economic Powers Act para imponer aranceles. Si el Tribunal Supremo los declarase finalmente ilegales, ¿cuáles serían las consecuencias?
- Los acontecimientos recientes han erosionado aún más la confianza entre Estados Unidos y Europa, pero la OTAN permanece intacta. ¿Ha reevaluado Estados Unidos la importancia de la OTAN?
- El oro ha alcanzado nuevos máximos, un movimiento que refleja la incertidumbre general en los mercados. No obstante, el telón de fondo económico sigue siendo favorable y las expectativas están ancladas en torno a una temporada de resultados optimista.
Nos centramos en las consecuencias de los anuncios arancelarios sobre Groenlandia de la semana pasada y en los posteriores cambios de política. Con independencia de los giros en U, ahora operamos en un entorno de aranceles estadounidenses más altos. Si echamos la mirada atrás desde la década de 1950 hasta 2018, cuando el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, empezó a hablar por primera vez de impulsar medidas relacionadas con el comercio, la tasa arancelaria efectiva media de Estados Unidos se situaba en torno al 4%. De hecho, entramos en 2025 con una tasa arancelaria efectiva del 2,5%, pero terminamos el año en el 14,4%. A pesar del ruido en torno a “TACO” (Trump Always Chickens Out) y la sugerencia de que estas políticas realmente no llegan a término, el mundo opera ahora en el régimen arancelario más elevado de los últimos 70 años.
Esperamos que los aranceles sigan vigentes durante un periodo prolongado. Pero, por supuesto, debemos recordar que alrededor de dos tercios de estos gravámenes se imponen en virtud de la International Emergency Economic Powers Act (IEEPA). Esta ley suele reservarse para acontecimientos de seguridad nacional, pero bajo la Administración Trump las líneas entre la política económica y la de seguridad nacional están cada vez más difuminadas. Si se eliminasen los aranceles de la IEEPA, la tasa arancelaria efectiva de Estados Unidos caería a alrededor del 8%. Las consecuencias indirectas serían significativas. Por ejemplo, los ingresos del Gobierno estadounidense caerían de unos 2,3 billones de dólares a 1,2 billones de dólares, un movimiento relevante dada la repercusión sobre el déficit y los mercados de bonos. Para los hogares, el impacto negativo de algo más de 1.200 dólares se reduciría a alrededor de 600 dólares y el lastre arancelario sobre el PIB de aproximadamente el 0,4% se convertiría en un impulso positivo del 0,1%. Además, podría ser necesario reembolsar los pagos arancelarios, una situación que sería tanto complicada como un ligero estímulo económico en el margen. Por supuesto, no es tan sencillo: incluso si el Tribunal Supremo acabase dictaminando que los aranceles son ilegales bajo la IEEPA, la Administración Trump todavía dispondría de otras opciones para imponer estas medidas a sus socios comerciales.
Entonces, ¿qué aprendimos la semana pasada con la marcha atrás de Estados Unidos sobre las amenazas arancelarias a Groenlandia? Hay tres maneras de responder o hacer frente a los aranceles. En primer lugar, aceptarlos: una postura que apacigua a la Administración. Lo vimos el año pasado cuando la UE aceptó una tasa arancelaria del 15% sobre la base de que continuaría el apoyo estadounidense a Ucrania. La segunda respuesta es contraatacar, una estrategia adoptada por China, que fue la única gran potencia económica en imponer sus propios aranceles de represalia. Esos movimientos acabaron dando lugar a un acuerdo, pero solo después de una breve – aunque significativa – guerra comercial. Por último, podemos ver una reacción importante de los mercados financieros, algo que vimos en cierta medida la semana pasada.
Desde el punto de vista político, el resultado de estos acontecimientos es una nueva pérdida de confianza entre Estados Unidos y Europa. En el lado positivo, sin embargo, la OTAN permanece intacta y quizá desde la perspectiva estadounidense se haya producido una toma de conciencia de que la estabilidad de la OTAN es más importante para la seguridad nacional que adquirir Groenlandia.
Como era de esperar, el ánimo en los mercados financieros está algo alterado, y lo vemos reflejado en el oro cotizando en o cerca de máximos históricos. Las amenazas arancelarias no han desaparecido y durante el fin de semana Trump amenazó con un arancel del 100% a Canadá; el tiempo dirá si esa retórica gana tracción.
A pesar de una geopolítica inquietante, el telón de fondo económico sigue siendo sólido, con un repunte cíclico impulsado por el estímulo fiscal y una política monetaria favorable. A medida que nos adentramos en la temporada de presentación de resultados, se sigue esperando que el crecimiento de los beneficios sea positivo.