Europa se encuentra en un momento de inflexión, atrapada entre las incertidumbres geopolíticas, la transformación industrial y una reversión de las fuentes de crecimiento. Esta volatilidad responde a un profundo cambio estructural.
La crisis energética redefine el ciclo
Desde finales de 2025, el optimismo se ha visto sacudido por las tensiones en el Golfo. Las actuales perturbaciones de los flujos de suministro energético que atraviesan el estrecho de Ormuz han hecho repuntar la inflación y han trastocado las expectativas de crecimiento.
El encarecimiento de la energía supone un «revés para el crecimiento»: incrementa los costes de producción, comprime la demanda y presiona los márgenes empresariales. Las repercusiones no se limitan al ámbito del sector energético. El transporte, los materiales (incluidos los fertilizantes) y el transporte aéreo se han visto negativamente afectados. Se preveía que el crecimiento en Europa alcanzara cifras de dos dígitos en 2026, pero, en función de la duración de la crisis y de la percepción de sus repercusiones, ahora podría quedarse únicamente entre el 5 y el 10 %.
No obstante, esta fragilidad cíclica no logrará ocultar la profunda transformación estructural que está teniendo lugar.
Una Europa en transformación: desde un modelo con pocos activos físicos hasta los activos estratégicos
Un cambio impactante que hemos constatado ha sido el del paso del predominio de los activos intangibles (software y plataformas de internet) a las infraestructuras, la industria y los activos físicos.
Esta tendencia refleja una recuperación de la inversión en producción, sistemas energéticos e infraestructuras, especialmente en Alemania, donde se espera que la relajación fiscal traiga consigo un gasto sustancial.
En este contexto, las empresas industriales y las vinculadas a infraestructuras están volviendo a adquirir importancia:
- Rolls-Royce1 y Safran son un claro ejemplo de la reactivación de la demanda aeroespacial e industrial de ciclo prolongado.
- Siemens Energy representa la nueva generación de agentes industriales que tienen mayor exposición a la transición energética y a la inversión en infraestructuras.
- Sandvik obtiene beneficios de una demanda constante de materiales y equipos de minería.
Nuestro posicionamiento en el sector demuestra una firme convicción respecto a este cambio: la escasa capacidad industrial y las elevadas barreras a la entrada están devolviendo el valor a sectores que llevan mucho tiempo desatendidos.
La brecha tecnológica: Ganadores y perdedores de la IA
La revolución de la inteligencia artificial (IA) está transformando profundamente el mercado de renta variable. Pero, contrariamente a lo que muchos esperan, no todos los actores tecnológicos se beneficiarán de ello.
Algunas compañías de los sectores industriales o tecnológicos europeos podrían estar bien posicionadas. Por ejemplo:
- ASML, una de las compañías líderes en el sector de los bienes de equipo para semiconductores, ha registrado una rentabilidad positiva en los últimos periodos.
- ASM International, que también forma parte de la cadena de valor de los semiconductores, ha experimentado un repunte en los últimos meses, lo cual se ha asociado con un aumento de la inversión de capital relacionada con la IA.
- Atlas Copco ofrece exposición a la inversión industrial y a la automatización. Sus equipos de vacío se utilizan en la fabricación de chips, lo cual conlleva que se beneficie indirectamente de la demanda de semiconductores relacionada con la IA.
Las empresas dedicadas a las infraestructuras de IA, sobre todo aquellas vinculadas a la fabricación de semiconductores, han declarado un aumento en su rentabilidad relativa. Sin embargo, otros ámbitos, como el software o los servicios digitales, se han quedado rezagados debido a las preocupaciones por la presión a la que se ven sometidos sus modelos de negocio. Este patrón se ha traducido en una mayor concentración de la rentabilidad y en una dependencia intensificada del mercado respecto a un número reducido de valores.
Más allá de la macroeconomía
La historia de esta transformación se expresa mejor por medio de las propias compañías y sus estrategias empresariales. Estos son solo algunos ejemplos:
- Infineon Technologies se benefició principalmente del aumento de la demanda de semiconductores de potencia, impulsada por las tendencias de electrificación y eficiencia energética.
- AstraZeneca ejemplifica la resiliencia del sector farmacéutico europeo, ya que ha demostrado un sólido crecimiento de sus beneficios a pesar de la volatilidad del mercado.
- Legrand, una sociedad francesa especializada en infraestructuras eléctricas, cuenta con el respaldo de inversiones de capital en centros de datos, digitalización de edificios y la transición energética.
Estos ejemplos tienen algo en común: lson negocios con elevadas barreras de entrada y se benefician de sólidas tendencias estructurales de crecimiento como la energía, la salud y la digitalización.
En un contexto que evoluciona rápidamente, una cosa está clara: el enfoque de inversión pasivo, que solamente replica los índices, tiene limitaciones. En Europa, los índices están muy expuestos a sectores en dificultades. Esto lastra la rentabilidad, incluso cuando se detectan oportunidades atractivas en otros sectores, en segmentos infrarrepresentados.
Un enfoque activo
Tenemos la firme convicción de que la gestión activa es crucial para identificar compañías con capacidad de fijación de precios, flujos de caja sostenibles y que puedan adaptarse a un panorama en rápida evolución. A esto lo denominamos «calidad». Lo que nos distingue como grupo de gestión de activos es que, si bien nuestra definición de calidad y nuestra filosofía subyacente se mantienen inalterables, los resultados se plasman en carteras que evolucionan de forma dinámica, ya que la calidad no es estática. Descubrimos nuevos ámbitos de calidad que están surgiendo en áreas inesperadas, del mismo modo que aquellos ámbitos tradicionalmente de alta calidad pueden verse amenazados por una competencia invasiva y perder atractivo. Nuestra investigación minuciosa y nuestro enfoque dinámico pueden generar buenos resultados en un contexto en constante cambio.
En un mundo marcado por una incertidumbre constante —ya sea por la inflación, la situación geopolítica o una trayectoria de crecimiento difícil de prever—, hay varios factores que avalan el atractivo de la renta variable europea a largo plazo. Entre ellos se incluye la política fiscal acomodaticia en Alemania, que está reactivando la inversión industrial, y las acciones con una valoración más moderada que la de sus homólogas estadounidenses.
Europa está atravesando una nueva fase de desarrollo económico en la que la calidad intrínseca de las compañías, más que una mera clasificación por sectores, es el factor clave de la rentabilidad.